TIPO DE TEXTO: Narrativo.
NARRADOR: Externo (en 3ª persona). Omnisciente.
TEMA: Basado en un “binomio fantástico”.
ESTRUCTURA: Cronológica (Planteamiento-nudo-desenlace).
El escritor Gianni Rodari, en su libro Gramática de la fantasía, explica un procedimiento muy bueno para inventar historias. Se llama “binomio fantástico”.
Para llevarlo a cabo, hay que pensar dos sustantivos concretos que no tengan nada que ver el uno con el otro. Por ejemplo:
-Perro y armario.
-Cangrejo y ordenador.
-Plancha y mariposa.
-Guantes y ovni.
-Galleta y helicóptero.
Una vez escogido el binomio, hay que darle vueltas, para ver cómo se produce la chispa. Para ello, usamos las preposiciones: a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras, durante, mediante. Usándolas para combinar los dos sustantivos, daremos con la idea del relato. A partir de la idea debemos construir una historia con narrador omnisciente y estructura cronológica..
EJEMPLO:
Así lo explica Rodari y este es el ejemplo que da:
“el perro con el armario
el armario del perro
el perro sobre el armario
el perro en el armario, etcétera.
Cada una de estas situaciones nos ofrece el esquema de algo fantástico.
1. Un perro pasa por la calle con un armario a cuestas. Es su casita, ¿qué se le va a hacer? La lleva siempre consigo, como el caracol lleva su concha. Es aquello de que sarna con gusto no pica.
2. El armario del perro me parece más bien una idea para arquitectos, diseñadores o decoradores de lujo. Es un armario especialmente ideado para contener la mantita del perro, los diferentes bozales y correas, las pantuflas anti-hielo, la capa de borlitas, los huesos de goma, muñecos en forma de gato, la guía de la ciudad (para ir a buscar la leche, el periódico y los cigarrillos a su dueño). No sé si podría contener también una historia.
3. El perro en el armario, a ojos cerrados, es una posibilidad más atractiva. El doctor Polifemo regresa a casa, abre el armario para sacar su batín, y se encuentra con un perro. Inmediatamente se nos presenta el desafío de hallar una explicación a esta aparición. Pero la explicación no es tan urgente. Resulta más interesante, de momento, analizar de cerca la situación. El perro es de una raza difícil de precisar. Tal vez es un perro de trufas, tal vez es un perro de ciclámenes. ¿De rododendros…? Amable con todo el mundo, mueve alegremente la cola y saluda con la patita, como los perros bien educados, pero no quiere saber nada de salir del armario, por más que el doctor Polifemo se lo implore. Más tarde, el doctor Polifemo va a tomar una ducha y se encuentra otro perro en el armarito del baño. Hay otro en el armario de la cocina, donde se guardan las ollas. Uno en el lavavajillas. Uno en el frigorífico, medio congelado. Hay un caniche en el compartimiento de las escobas, y hasta un chihuahua en el escritorio. Llegado a este punto, el doctor Polifemo podría muy bien llamar al portero para que le ayudase a rechazar la invasión canina, pero no es esto lo que le dicta su corazón de cinófilo. Por el contrario, corre a la carnicería para comprar diez kilos de filete para alimentar a sus huéspedes. Cada día, desde entonces, compra diez kilos de carne. Y así comienzan sus problemas. El carnicero comienza a sospechar. La gente habla. Nacen los rumores. Vuelan las calumnias. Aquel doctor Polifemo… ¿no tendrá en casa algunos espías atómicos? ¿No estará haciendo experimentos diabólicos con todos aquellos filetes y bistecs? El pobre doctor pierde la clientela. Llegan soplos a la policía. El comisario ordena una investigación en su casa. Y así se descubre que el doctor Polifemo ha soportado inocente tantos problemas por amor a los perros. Etcétera”.
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